Columna Andres Roemer El UNIVERSAL

Andrés Roemer
Disney: ¡a la SEP!
08 de agosto de 2009
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“La imaginación es más importante que el conocimiento”: Albert Einstein

Estimado
lector: Le propongo recordar las siguientes frases: “guarden silencio”,
“repitan después de mí”, “memoricen”, “dictado”, “examen”, “reprobado”,
“aprobado”, “no coman en clase” y la célebre “sigan las indicaciones”.
Supongo que, sin importar su edad, las recuerda; incluso hoy en día
muchos niños, jóvenes y adultos en distintas naciones son educados de
dicha forma.

¡Knock, knock! Pero, ¿si queremos que los niños
aprendan, se le ha ocurrido a alguien que tenemos que lograr que
ejerciten su cerebro, no que sigan órdenes y tomen dictado? ¿Nadie se
ha percatado de que el siglo XIX ya pasó? ¿Nadie ha registrado que a
los niños se les debe enseñar cómo pensar, no qué pensar? ¿Nadie ha
notado que el entretenimiento no está peleado con el conocimiento?

En
muchas naciones el sistema educativo va contra la inteligencia
reptiliana. Los niños aman aprender, cuestionarse y preguntar. El
ingenio y las interrogantes son parte de la natura humana. A diferencia
del paradigma de la educación “tradicional”, el éxito del aprendizaje
no depende de memorizar ni de repetir, sino de aprender a cuestionar, a
analizar, a inquirir, a imaginar, a crear. Basta con observar la pasión
que los niños tienen por los videojuegos, el amor por los cuentos de
héroes y hadas, la fascinación por las obras musicales, el gusto por
los programas lúdicos de la televisión, el interés por las historias
bien contadas y el asombro por la aventura y el misterio. Basta con
voltear a ver el éxito de Disneylandia para reconocer que el sistema
educativo necesita reinventarse.

¿Hasta cuándo
revolucionaremos la educación y la enseñanza y pondremos en código el
aprendizaje con los intereses y pasiones humanas? Discovery Channel,
Biography, Animal Planet, History Channel, Disney —y por supuesto,
Proyecto 40— han puesto el dedo en el renglón: el problema de la
enseñanza es el cómo y el para quién, más que el qué.

Disney
Channel es uno de los canales de entretenimiento más cotizados de los
últimos años. El punto a favor no es su popularidad, sino su capacidad
de educar, mostrar y visualizar el mundo en concordancia con lo que
somos, nos mueve y aspiramos ser. Los sistemas educativos están
reprobados y necesitan reinventarse. El amor por aprender, el
cuestionarse y el condicionamiento por investigar, la imaginación y el
deseo de crear son parte de lo que somos. Son instintos que conservamos
no gracias a la escuela, sino a pesar de la escuela misma.

Uno
de los problemas sustanciales de la educación tradicional —y no es
privativo de nuestro país— es la represión de pensamiento y acto. Muy
al estilo platónico se cree que el mundo de las ideas ya está
explorado, y que por lo mismo los estudiantes deben repetir los
patrones de lo que “ya se sabe” sin darle prioridad a la inventiva y al
futuro.

Millones de niños alrededor del mundo se aprenden
los personajes, la cronología y hasta los conjuros de Harry Potter.
J.K. Rowling sabe contar historias y la tecnología y las letras
transmitirlas. Nuestra época nos demuestra que el Wii, el X-box, el
PS3, Facebook, MySpace y muchos avances del siglo XXI son un método
eficaz para adquirir conocimientos y desarrollar las capacidades
inquisitivas.

No es suficiente sentar a un alumno en un
salón y hacerlo copiar del pizarrón. El problema actual no radica en
asistir a clase o utilizar la tecnología en boga, sino en entender cómo
se transmite el conocimiento y a quién. La escuela debe dejar de ser
una obligación para convertirse en un gusto. Debe dejar de ser un
recordatorio de “qué flojera, mañana clases” para convertirse en “qué
increíble, mañana hay más”.

Dejo la reflexión abierta
diciéndoles que uno de los errores más grandes de la humanidad es no
comprender quiénes somos y ponerle “impuestos” a nuestro desarrollo
pleno. Reprimir nuestra inventiva y nuestra curiosidad. Los límites de
los alumnos no deben adjudicarse a una nota. Es indispensable aprender
de Disney y de otros, detonar el hemisferio derecho de nuestro cerebro
y apostar por el arte de la posibilidad y de la inventiva. En suma,
apostar por los nuestros.

aroemer@podercivico.org.mx

Doctor en Políticas Públicas y presidente de Poder Cívico, AC

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