Columna EXCELSIOR Denisse Maerker

Denise Maerker
Atando cabos
07 de agosto de 2009
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La verdad importa

Castigar a los responsables de un
delito o de una negligencia es lo deseable y a lo que legítimamente
aspira cualquier sociedad. Pero si por algún motivo ese ideal parece
inalcanzable, ya sea por la debilidad de las instituciones encargadas
de administrar la justicia, porque prevalecen los intereses políticos o
por la incompetencia de la administración pública, se vale aspirar de
menos a conocer la verdad.

Afortunadamente esa el la
opinión que ayer se impuso en la Suprema Corte de Justicia cuando los
ministros debatían si investigaban o no la tragedia de la guardería ABC.

Para
el ministro Aguirre Anguiano no tiene caso que la Corte se meta a
investigar este tipo de hechos puesto que carece de la facultad de
sancionar a los responsables y, por lo tanto, deja siempre
insatisfechos a los deudos y a las víctimas. No hace justicia. Esta
facultad es para el ministro Aguirre estéril y contraproducente porque
sólo contribuye a desprestigiar a la Corte.

La mayoría de
los ministros no compartió esta opinión. El ministro Juan Silva Mesa
opuso a esta visión la importancia de establecer la verdad histórica de
los hechos. En sus palabras: “El simple hecho de que la sociedad
conozca la verdad es suficiente para que la Suprema Corte intervenga
[porque…] la sola investigación, en muchos de los casos, tiene ya
efectos reparatorios”. No es suficiente, pero la verdad importa.

Es
cierto, como lo recordó el ministro Aguirre Anguiano, que cuando la
Corte ha investigado y demostrado violaciones a los derechos humanos de
ciudadanos a manos de autoridades, no ha pasado nada. Ahí están los
casos de Atenco, Aguas Blancas y el góber precioso como ejemplos. Pero,
¿acaso por eso habríamos de conformarnos con vivir en el mundo de
versiones en el que nos hunden, una y otra vez, la PGR, la CNDH y las
procuradurías estatales? La Corte ha contribuido decisivamente a que
dejemos atrás controversias inútiles y políticamente interesadas, y a
construir una verdad compartida, aceptada y rigurosa, incluso en casos
en los que el pleno no ha respaldado el esfuerzo de los investigadores,
como fue el caso de Lydia Cacho.

Es probable que la verdad
no vaya a dejar satisfechos a los valientes padres de las 49 víctimas
del incendio en la guardería ABC. No debería. Pero no podemos
minimizarlo tampoco. El ministro Aguirre Anguiano terminó su exposición
diciendo: “Parirán los montes con estruendo para dar a luz solamente a
un ridículo ratón”. Se equivoca, señor ministro; la verdad es mucho más
que un ratón.

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